Insomnio
El insomnio es un trastorno del sueño muy frecuente caracterizado por presentar dificultades para iniciar o mantener el sueño. Las consecuencias del insomnio incluyen cansancio y somnolencia durante el día, disminución del rendimiento en el trabajo o los estudios, fallos de memoria, irritabilidad y aparición de clínica psiquiátrica (ansiedad y depresión principalmente).
Según su duración el insomnio puede ser:
Agudo: se presenta durante breves periodos de tiempo y suele ser reactivo a situaciones estresantes ambientales. Cualquier persona ha podido presentarlo en épocas en las que ha estado influido por aspectos importantes (como problemas personales, dificultades económicas, exámenes…).
Crónico: su presentación es prolongada en el tiempo y suele estar relacionado con problemas de salud, consumo de sustancias o malos hábitos en la higiene del sueño.
Según su etiología el insomnio puede ser:
Primario: se desconocen las causas que lo provocan o no se puede atribuir a ninguna de las causas más comunes.
- Secundario: es el más común. En este caso se considera que el insomnio es un síntoma de otro problema como pudiera ser una enfermedad médica, un trastorno mental, consumo de mediaciones o de sustancias que interfieran en el sueño.
El tratamiento del insomnio puede incluir:
Intervenciones psicológicas.
Mejoras la higiene del sueño: eliminado aquellos factores que pudieran perjudicarlo y favoreciendo las medidas que lo mejoran.
Técnicas de relajación: practicados antes de acostarse, en combinación con las mejoras de la higiene, permiten una mayor “eficiencia” del sueño.
Intervenciones farmacológicas: existen numerosas alternativas entre las que elegir en función de las preferencias, las necesidades y las características del paciente. Es importante realizar un seguimiento especializado que permita utilizar las menores dosis necesarias y durante un menor tiempo, así como vigilar la aparición de posibles efectos indeseables.
Dolor crónico
El tratamiento del dolor incluye medidas farmacológicas, medicina física, quirúrgicas, neuromodulación o intervenciones cognitivo-conductuales, obteniéndose los mejores resultados con los abordajes multidisciplinarios.
Existe una relación entre patologías que causen dolor (como la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica o el dolor neuropático) y patologías mentales (principalmente depresión y ansiedad).
De este modo, el tener fibromialgia puede acompañarse de la aparición de un cuadro depresivo, y al revés, si una persona que presenta fibromialgia se le añade un cuadro depresivo tendrá una mayor percepción del dolor.
Es por esto que a menudo las personas con patologías dolorosas requieren de asistencia psiquiátrica con el objetivo de disminuir la percepción del dolor y tratar cuadros mentales sobreañadidos. Determinados antidepresivos, a veces a dosis más bajas de las usadas habitualmente, han demostrado ser capaces de mejorar el dolor, mejorar el sueño y el cansancio diurno.

