¿Qué necesitas saber sobre la ansiedad?
Aunque la ansiedad tiene una función adaptativa (que nos permite estar alertas y reaccionar adecuadamente en situaciones de peligro) hoy en día también es la principal manifestación de muchos trastornos mentales.
- Trastorno de pánico: caracterizado por la aparición súbita de miedo/malestar intenso acompañado de síntomas físicos (como palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de falta de aire, opresión torácica, náuseas, escalofríos, parestesias, mareos o desmayo.
- Trastorno de ansiedad generalizada: presencia de ansiedad continua acompañada de preocupaciones, sueño no reparador, dolores musculares o problemas de concentración.
- Agorafobia: la persona que lo presenta evita lugares en los que en caso de presentar ansiedad no se podría obtener ayuda. La agorafobia impide a la persona que la padece hacer su vida con normalidad, limitándole a la hora de salir a trabajar, a divertirse o viajar.
- Fobias específicas: en las que estímulos muy concretos originan una respuesta ansiosa desproporcionada (cucarachas, agujas, sangre, aviones…).
- Fobia social: aparición de angustia en situaciones donde la persona se siente observada o ha de interactuar con otros (como hablar en público).
- Hipocondría: preocupación constante por padecer algún tipo de enfermedad física grave, lo que provoca continuas visitas a médicos y solicitud de pruebas diagnósticas.
- Trastorno de estrés postraumático: tras verse expuesto a una situación traumática, el sujeto presenta al cabo de las semanas episodios reiterados de volver a vivenciar el trauma, dificultad para sentir como antes así como evitación de actividades y situaciones que recuerden al trauma.
Al igual que con la depresión, la ansiedad tiene su origen debido en la interacción de múltiples factores:
Ciertos rasgos de personalidad: como la excesiva responsabilidad, la aprensión, el perfeccionismo, la rigidez… pueden predisponer a presentar un trastorno de ansiedad.
Factores ambientales: dificultades de nuestro entorno que nos generen importante estrés como las condiciones laborales, problemas de pareja o familiares, pérdidas significativas o haber estado expuesto a un acontecimiento traumático.
Factores biológicos: como el insomnio, alteraciones hormonales o el consumo de sustancias tóxicas (alcohol/drogas).
Los trastornos de ansiedad se relacionan con la alteración de neurotransmisores en nuestro sistema nervioso central (especialmente la noradrenalina, la serotonina y el GABA), neurotransmisores sobre los que se puede actuar a través del tratamiento psicofarmacológico.
Contamos con diversas estrategias que nos pueden permitir controlar la ansiedad.
En ocasiones corregir ciertos hábitos (de sueño, consumo de sustancias, disminuir el nivel de exigencia) o introducir otros nuevos (como el deporte regular o aprender técnicas de relajación) puede disminuir la ansiedad.
Pero con mucha frecuencia, sobre todo si la intensidad de la ansiedad es importante, será necesario recibir tratamiento psicoteraeútico y psicofarmacológico. Recibir un tratamiento adecuado a tiempo puede resolver el problema y evitar que se cronifique.