¿Qué necesitas saber sobre el TOC?
El trastorno obsesivo compulsivo se caracteriza por la presencia de:
- Obsesiones: habitualmente ideas (aunque pueden ser imágenes o impulsos mentales) que se repiten constantemente a pesar de los esfuerzos de la persona por evitarlos. Estas obsesiones son muy molestas y se alivian temporalmente con las compulsiones.
- Compulsiones: son rituales que la persona lleva a cabo para controlar las obsesiones. Estos rituales pueden ser mentales o conductas dirigidas a algún fin (ordenar, comprobar, limpiar…). Aunque al principio proporcionan cierto alivio luego pueden ser tan o más molestos que las obsesiones.
La persona que presenta un TOC sufre tanto las obsesiones como las compulsiones, al no ser capaz de evitar que aparezcan y al entender que no tienen sentido (son absurdas). Esto genera un importante agotamiento en la persona y limitaciones en su vida diaria, por lo que no es extraño que a lo largo de su vida puedan sufrir además del TOC otras complicaciones como un trastorno depresivo comórbido. Este riesgo es mayor cuando no reciben un adecuado tratamiento que le ayude a combatir la sintomatología.
Aunque los contenidos de las obsesiones y las compulsiones suelen solaparse entre si, se han propuesto las siguientes cinco dimensiones clínicas fundamentales:
Orden/simetría: necesidad constante de mantener un orden que nunca llega a ser perfecto, lo que lleva a la persona a ordenar y volver a colocar repetidamente. En ocasiones se asocia a pensamientos “mágicos” del tipo “si no está colocado correctamente puede ocurrirle una desgracia a una persona”.
Acumulación: la persona es incapaz de desprenderse de objetos que tienen un significado especial o que piensa que en algún momento le pueden ser útiles, lo que le lleva a acumular grandes cantidades de objetos que los demás consideran desproporcionadas.
Contaminación/limpieza: temor constante a ensuciarse o a que se le transmita una enfermedad, temores que combate con la limpieza y evitando el contacto.
Duda/comprobación: surge una duda respecto a un asunto (¿habré cerrado la puerta?, ¿estará el gas abierto?, ¿se habrá enterado de lo que realmente quería decir?), duda que no es calmada ni siquiera a través de numerosas comprobaciones.
Obsesiones sexuales/religiosas: aparición de pensamientos de contenido sexual o religioso que la persona reconoce como extraños, no propios de uno mismo, pero que son recurrentes e incontrolables y que le hacen pensar que quizás sean genuinamente suyos.
Los principales tratamientos que han demostrado su eficacia en el TOC son los antidepresivos y la psicoterapia (exposición y prevención de respuesta).
La fisiopatología del TOC está muy relacionada con la neurotransmisión serotoninérgica. Es por esto que en el tratamiento del TOC ciertos antidepresivos (los que muestran una mayor actividad sobre los receptores de la serotonina) han demostrado ser muy eficaces, por lo que hoy en día se consideran el tratamiento de primera línea para este trastorno. La toma correcta de un tratamiento farmacológico adecuado puede proporcionar un alivio importante de la clínica, existiendo numerosas posibilidades en función de la respuesta y la necesidad de la persona.
La introducción de técnicas de exposición y prevención de respuesta (EPR), una variación de la terapia cognitivo conductual (TCC), ha sido un avance importante en el tratamiento del TOC. La EPR se basa en la exponer de forma sistemática y progresiva al paciente a pensamientos, imágenes, situaciones, o cualquier estímulo que activa la vivencia obsesiva, mientras a la vez se ayuda a aprender a cómo frenar la activación del elemento compulsivo (prevención de respuesta), de modo que experimenta que la ansiedad desaparece sin llevar a cabo la compulsión. Aunque eficaz, la aplicación de la técnica es difícil en casos en los que los rituales son mentales y pueden pasar desapercibidos para el terapeuta.
Es conveniente así mismo que todos los pacientes reciban psicoeducación respecto al TOC: explicarles que se trata de un trastorno con una relativa frecuencia, del que se conocen muchos aspectos de su neurobiología y para el que disponemos de varias líneas efectivas de tratamiento.
Los mejores resultados se alcanzan con un tratamiento combinado: el tratamiento farmacológico obtiene una mejoría clínica más inmediata, mientras que la psicoterapia mantendría durante más tiempo su efecto terapéutico.