¿Qué necesitas saber sobre la depresión?
La depresión es un trastorno mental muy frecuente y de importante impacto en las personas que lo sufren. La Organización Mundial de la Salud la considera la principal causa de discapacidad en el mundo.
La forma de manifestarse puede variar dependiendo de cada persona, pero en términos generales se caracteriza por la presencia de síntomas psíquicos (ánimo triste, ansiedad, irritabilidad, pérdida de interés o incapacidad para disfrutar, sentimientos de culpa/inutilidad/inferioridad, problemas de concentración y de memoria) y físicos (trastornos del sueño o del apetito, cansancio, dolores, pérdida del apetito sexual).
La depresión, especialmente cuando no es tratada adecuadamente, puede llegar a hacerse crónica o recurrente. Esto puede hacer que invada cada vez más terrenos de la vida de la persona afectada, como el trabajo, las relaciones personales o los proyectos vitales.
Existen distintos tipos de depresión dependiendo de su origen, la clínica o el curso, por lo que es recomendable una evaluación diagnóstica por personal especializado en el tratamiento de los trastornos afectivos.
Los pensamientos más habituales en una persona con depresión son:
- Estoy muy triste.
- Soy muy pesimista respecto a mi futuro.
- Me cuesta mucho tomar decisiones.
- Me aíslo de los demás.
- Me siento muy culpable.
- No disfruto como antes.
- Estoy siempre cansado/a.
- No rindo en el trabajo, en los estudios, ni en nada.
- A veces desearía no estar vivo/a, incluso he pensado en el suicidio.
- Yo antes no era así, pero de un tiempo a esta parte no soy la misma persona.
- Me valoro poco o nada.
- No veo salida a mi situación.
- No duermo bien, no como bien, no tengo ganas de tener relaciones sexuales…
No se puede establecer una relación causal entre un único factor y la depresión. Más adecuado es pensar que la depresión es el resultado de interacciones entre factores de distintos tipos.
Factores biológicos: entre ellos factores genéticos (como tener familiares que han presentado depresión), cambios hormonales (como la menopausia o el embarazo/parto), consumo de sustancias (especialmente el alcohol) u otras enfermedades (como ictus o fibromialgia). Todos estos factores pueden provocar una alteración en la normal neurotransimisión de nuestro sistema nervioso central.
Factores psicológicos: rasgos de personalidad y alteraciones cognitivas que predisponen a la depresión o dificultades que tienen que ver con nuestra propia historia personal.
Factores sociales: como problemas en la familia, en las relaciones personales o en el trabajo, dificultades económicas, aislamiento social… Es por esto que son preferibles los tratamientos que engloben actuaciones médicas y psicoterapéuticas.
Existen numerosos tratamientos que han demostrado ser eficaces en la depresión.
La depresión es una enfermedad, como lo pueda ser la diabetes, la hipertensión o una neumonía. Al igual que estas otras enfermedades, la depresión es tratable y en la mayoría de ocasiones con éxito.
Los casos leves pueden resolverse sin necesidad de tratamiento farmacológico, pero en casos moderados/graves es muy recomendable el uso de medicamentos y psicoterapia profesional.
La respuesta a los tratamiento suele ser buena en la mayoría de los casos, pero para ello ha de hacerse una adecuada prescripción y lo más precoz posible. Más de la mitad de las personas que tienen un primer episodio depresivo tendrán recurrencias (nuevos episodios) a lo largo de su vida. Si la persona recibe un adecuado tratamiento pueden evitarse nuevos episodios o conseguir que sean más leves y más breves.